31/05/2007

Primera parte

Hoy presentamos la primera parte de un trabajo de nuestro amigo Demodoco respecto Hamlet. Como nuestros lectores habran notado, el dramaturgo inglés, y su obra es uno de los pilares discursivos de nuestra Tostadora, o como hemos dicho antes, uno de nuestros frentes, un SCHLACHT más.

 Cuando leimos el articulo, notamos una cita muy interesante del inglés Martin Lings, escritor de los gustos de otro amigo que participó en la Tostadora, Homero Basilio.

 Esperamos que gusten de las concepciones de nuestro amigo Feacio tanto como nosotros.

 Vale,

El Tostador

 

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Shakespeare - Hamlet o la Santificacion

 

La esclarecedora y atinada nota redactada y "subida" por el Tostador hace unos días (Respecto la firma y el arte tradicional), nos llevó a reflexionar acerca del arte. Aquel que trasciende lo estético, y transmite, hasta inconscientemente, más de lo que los sentidos captan a primer encuentro.

"El arte sagrado es como una piedra lanzada en el agua. Sus ondas en constante expansión ilustran las repercusiones ilimitadas que recibe, o puede recibir,  el alma con su impacto, cargado como está de varios significados en diferentes niveles."(Martin Lings). Si bien no podemos considerar, en sentido estricto, la obra del dramaturgo inglés arte sacro, si podemos afirmar que la misma representa una extensión de aquél. Mientras el Renacimiento se extiende e invade la vida del siglo XVI-XVII, Shakespeare, en la culminación de su desarrollo creativo, parece ir para atrás. Sublimidad, profundidad y Misterio que alcanzará en su madurez. El tema de fondo de sus obras maduras, será medieval, en el más místico sentido.

El misticismo cristiano, se preocupaba, sobre todo, en los medios de purificar el alma de su naturaleza caída. El mundo medieval era un mundo intelectual. Es decir, todo hombre sabía que ese mundo físico era una sombra o símbolo del "otro"; el hombre como la sombra o símbolo de Dios. Esa actitud exigía ante todo la existencia de intelectuales, ya que las cosas terrenales solo pueden ser referidas a sus arquetipos espirituales mediante la facultad de la percepción intelectual, la visión que penetra a través del símbolo hasta la realidad universal que está más allá. Tomando Hamlet, veremos que esa "preocupación" medieval esta inserta y es, diríamos, el punto concéntrico y centrífugo de la obra.

En dicho arte medieval, en general es preciso distinguir entre lo que se puede denominar obras esotéricas y las exotéricas. Las primeras apuntan, más allá de la salvación, a la SANTIFICACIÓN; mientras en las segundas la SANTIFICACIÓN no será mas que el ideal remoto. Ambas encaminan al hombre a la salvación, pero la esotérica reclamaría y combatiría por el purgatorio en esta vida, alcanzando la SANTIFICACIÓN, Arduo camino. El ejemplo de obra esotérica es "La Divina Comedia".-

En Shakespeare notamos que la idea de salvación es desbordada en aspiración a la perfección humana, a la SANTIFICACIÓN. Así lo vemos en el personaje de Hamlet. Personaje complejo y multívoco. Él si integra con los demás personajes de la obra, marcnado el itinerario del alma para la mencionada SANTIFICACIÓN. Veremos.-

Hamlet tiene una revelación, la cual lo inicia en su camino. El encuentro con su padre. El espíritu le muestra a Hamlet la verdad de la Caída (pecado original) como una realidad inmediata que impregna toda su vida, y que no dejará en paz a su alma hasta la consumación. El diablo ha robado y solo la venganza aplicada a ese ladrón "pondrán las cosas en su lugar".-

Cuando se produce el esperado primer encuentro entre el espíritu (Ghost) y su Hijo, enseguida sale a la luz el mandato:

Hamlet: "speak; i am bound to hear"

Ghost: "So art thou to revenge, when thou shalt hear".

            Ese compromiso a la venganza reclamado por el padre es clave para comprender la obra. Más adelante escuchamos:

Ghost: "The serpent that did sting thy father's life

Now wears his crown" (I. v. 17-70).

Es decir Claudio el tío de Hamlet, hermano de su difunto padre. Fraticidio cometido, rememorando a Caín y Abel.-

 

Esta serpiente, tal cual en el paraíso hiciera con Adan, ha robado, ha matado, y ha prostituido a la mujer. Esta figura esta claramente en la obra. Estamos en la tradición adámica, Hamlet arrastra las consecuencias del pecado original.-

(No debemos buscar simples alegorías o pobres representaciones cristianas en Shakespeare; el tema es más profundo. El sentido externo de la obra, se puede ubicar en el marco de las "moralidades"; pero el sentido interno, más profundo, en el que nos estamos adentrando, se desarrolla en un plano místico y esotérico, cuasi-simbólico).

Para comenzar, Hamlet (personaje, príncipe de Dinamarca) es sólo un aspecto del alma humana que desnuda el autor, integrándolo, en primer lugar, con su Madre, y que lucha contra sus propias debilidades y mezquindades, es decir el pecado. Este lado oscuro lo representa Claudio, Polinio, Rosencrnatz y Guildenrstern. Así se podrá comenzar a entender el porque de la venganza. La VENGANZA es el camino para la SANTIFICACIÓN.  Esta venganza, considerada en el sentido más profundo de la obra, violenta el sentido externo, casi hasta quebrarlo. Aquí encontramos los diferentes niveles que puede ostentar el arte sacro.-

Continuamos con el encuentro...

Ghost: "Adieu, adieu, adieu! Remember me!" (al terminar el relato de su asesinato)

Hamlet: "...Remember thee,

Yea, from the table of my memory

I`ll wipe away all trival fond records,

All saws of books, all forms, all pressures past,

That youth and observation copied there;

And thy commandment all alone shall live

Within the book and volume of my brain,

Unmixed with baser matter: yes by heaven!-"  (I. v. 71-118)

 

Aquí, Hamlet comienza su "locura". La sabiduría espiritual, desde el punto de vista mundano es una especie de locura; y por ello en determinados contextos sirve la locura de símbolo de la sabiduría espiritual. En sus soliloquios no muestra signos o indicios de locura, mas en su relación con el mundo (que podríamos personificar en Ophelia), es decir externamente con los "otros", sus palabras suenan "absurdas y sin sentido". El mundo no lo entiende. Hamlet inicia un camino solitario hacia lo alto. Y sentencia que olvidará lo mundano, relegándolo a un plano inferior.

Según Martín Lings, acto seguido del encuentro relatado, Hamlet (o Shakespeare en boca del Príncipe), al dirigirse a sus acompañantes nocturnos (Horacio y Marcelo) en la guardia de esa noche, deja que el significado más profundo de la obra salga momentáneamente a la superficie. Hamlet dice:

"...And so, without more circumstance at all,

I hold it fit that we shake hands and part:

You, as your business and desire shall point you-

For every man hath business and desire,

Such as it is;- and for mine own poor part,

Look you, I'll go pray." (I. v. 119-150)

 

La oración es la principal arma para vengarse. Entonces su itinerario espiritual hacia la perfección comienza con la revelación del espíritu y su mandato: vengarse de the serpent. Su estado de éxtasis y de metanoia que experimentará, lo hace ver como un loco. Se refugia entonces, antes de comenzar, en la oración; arma imprescindible para el combatiente, El camino de la SANTIFICACIÓN comienza.

 

Volviendo al alma del protagonista, que es decir al alma de la obra: La madre, con quien se integra el fondo místico que la obra representa, sería el lado más inferior de aquella alma. Veamos la escena en que Hamlet se encuentra con su madre (III, 4).

Ham: "Now mother, what's the matter?"

Gertrudis: "Hamlet thou hast thy father much offended" (significando a Claudio, actual esposo y rey)

Ham: "mother you have my father much offended" (a su Padre, el verdadero; primer esposo de Gertudris, y Rey de Dinamarca; es decir Hamlet the first)

Hasta ese momento, la Reina había esquivado en cierta forma el encuentro con su hijo, a solas. El alma tiene miedo de su conciencia, la Reina miedo de su hijo. Pero así y todo, en este encuentro el Mal sigue presente (Polonio, servidor del rey esta escondido y al acecho. Polonio, personifica la hipocresía). Atendamos a las palabras que la Reina le dirige a su hijo: "tienes muy ofendido a tu padre", pronunciadas con descarada insolencia. Esta actitud mutará completamente con el arrepentimiento. Pero antes, Hamlet deberá matar a Polonio, deshacerse de la hipocresía. Allí, luego que Hamlet le haya "retorcido el corazón", si "...El hábito del mal no lo ha acorazado de tal modo que se halle a prueba de sentimiento!", la reina se verá conmovida a exclamar:

"O Hamlet, speak no more:

Thou turn's mine eyes into my very soul;

And there I see such black and grained spots

As will not leave their tinct"  (III. iv. 52-102)

 

Continúa la escena (III, iv.) y en ella se ve el punto más alto del drama; el sentido literal incluso se eleva a alturas casi místicas. el sentido externo, es decir la "moralidad", en este caso es como si hubiera sido elevado al nivel del sentido interno, a lo místico. Los dos niveles se funden. Expresa M. Ling, a quien seguimos en nuestras consideraciones, que "...tanto si consideramos que el Príncipe se dirige a otra persona, como a su propia alma, habla, en cualquier caso, con una exaltada penetración digna de un maestro espiritual con años de experiencia práctica en el camino místico." (v. III iv. 103-146; 147-202, especialmente donde la conmina a desprenderse de la peor parte de su corazón, de su alma: "Ham: O, throw away the worser part of it, and live the purer with the other half,...)

 

Hasta aquí llegamos en esta oportunidad, prometemos continuar con el análisis y el desarrollo del sentido profundo y mistérico que, como detrás de un velo, el Bardo inglés ha manifestado en Hamlet.

Vuelvan a la obra, léanla, aprovéchenla, sumérjanse en ella, y capten el sentido profundo y elevado. Recuerden que el simbolismo para ser captado, en referencia a sus arquetipos, requiere la percepción intelectual. Y si la aproximación a Hamlet, obra, es en su original lengua, mejor aún.-

 

Demódoco.-

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18/05/2007

Un año ya

Hace un año que comenzamos con esta Tostadora Moderna publicando dos pequeños articulitos que describian nuestro sentir y voluntad para con este emprendimiento. Un año ya.

Agradecemos calurosamente a todos nuestros lectores, amigos, comentadores (son pocos), y detractores (que los habrá seguramente) por seguir ingresando en nuestra humilde publicación digital.

Los dejamos proponiendo que si tienen tiempo, visiten los titulos (en el panel a su derecha) EDITORIAL y TEBAIDA, que han sido, como dijimos, lo primero aqui escrito. A un año mantienen vigencia.

 Muchas gracias y hasta la proxima entrega.

Vale,

 El Tostador.-

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15/05/2007

Respecto la firma y el arte tradicional

La cuestión respecto la autoría de las llamadas "obras de arte" es un fenómeno propio de la modernidad. Una controversia equivalente sería imposible de encontrar previo al siglo XV. Este es el tópico que trataremos en esta oportunidad, la cuestión de la firma, es decir, de la autoría, en el arte tradicional.

A propósito de la definición de Arte y específicamente Arte Tradicional, recomendamos "The true philosophy of art" de Anandas K. Coomarswamy (hay traducción castellana), especialmente, para lo que a nosotros interesa, el capitulo II (ubicable en internet para quienes no logren obtener edición impresa).

Nos limitaremos, por motivos de tiempo y espacio, a referirnos a lo que nos llama en esta oportunidad, mas solo en el mundo de la Cristiandad, ámbito en el cual se manifiesta claramente el sentido del icono (EIKON, imagen) si avanzamos hacia el mismo desde la obra de San Juan de Damasco o desde el propio Dionisio el Areopagita.

Antes que todo, recordaremos a nuestros lectores respecto la tremenda controversia suscitada durante el reino imperial de León III (717-741 d.C.) que significó el iconoclastismo, encarnado políticamente en la figura del Emperador de Bizancio. En el marco de esta disputa surge triunfante el llamado "Tratado de las Imágenes" del antes nombrado San Juan Damasceno, ejemplo diáfano de la doctrina patrística respecto la imagen representante. Notamos importante esta controversia para comprender el sentido del valor tradicional del Arte pues podríamos decir claramente que nos encontramos ante el primer embate contra el mismo.

Zanjadas estas cuestiones, se produce un florecimiento notable del arte icónico o iconográfico (preferimos el primero de ambos términos) en ambos lados de la ecumene Cristiana. Florecimiento que verá su fin al nacer en occidente lo que llamamos el ARTE DEL ARTISTA, o aun más claramente, DE LA FIRMA. El Arte Moderno.

La firma en el arte moderno representa el sentido que manifestó este movimiento pictórico que resonancias más que claras en la actualidad hodierna. El artista previamente pinta (o escribe siguiendo el termino correcto a aplicar para la iconografía bizantina) en común-unión con la ekklesia, manifestando por medio de materiales a la propia Divinidad. Recomendamos nuevamente la lectura del tratado de las imágenes del Padre sirio San Juan Damasceno (ignoramos edición castellana, manejamos una en ingles, que es la que hemos seguido, cotejada con una latina).  Los puntos a seguir en tal magno tratado serian pues el sentido del icono, la cualidad manifestatoria de Dios en el mismo (es decir, su valor teofánico y comunicante)  y la validez de la representación de las "Cosas Divinas" por medios pictóricos, eje esencial de la obra que se ubica en el discurso de Cristo de Jn. 14 en adelante.

Este sentido tradicional de la comunión con la Ekklesia por parte del artista, que es medio de la manifestación del Logos en la tierra, revela el sentido ANONIMO propio de la iconografía, no interesa aquí la mano que ha pintado/escrito el icono, sino el sentido por el cual ha sido realizado y especialmente, QUE MANIFIESTA.

Esta ultima cuestión nos podría derivar a temas referidos a la condición SACRA del arte Tradicional Cristiano, elemento que se pierda dentro del sentido SECULAR del arte renacentista, post renacentista, barroco, moderno y finalmente contemporáneo que dejaremos para otra oportunidad.

Volviendo a la cuestión de la autoría, y siguiendo lo antes planteado, notamos entonces un profundo sentido secularizante, centrado en el yo del autor y su "valor artístico o genio artístico" (termino propio del renacimiento) que se corona en las escuelas manieristas y se profundiza con el aborrecible "arte contemporáneo" en el cual la imagen pierde valor frente a la sensualidad de la "interpretación" de la misma y especialmente, ante el embate del ARTISTA. Nos referimos, como han notado, a la inversión del sentido tradicional, considerando que el ARTISTA es primero en importancia, luego el sentido interpretado conjunto con la necesidad de "expresarse" por vías pictóricas o plásticas y finalmente, el carácter puramente estético que, mixturado con la "valía" del autor, avanza hacia la MONETARIZACION DEL ARTE por medio de la idea valorativa imperante para esta quaestio que es absolutamente CUANTITATIVA y pecuniaria.

 La firma, la autoría, ha puesto en declive al valor manifestante del icono y por consiguiente ha sido un sustituto o ersatz, al decir del Dr. Disandro, del manifestado. No interesa ya de manera capital el ICONO (en el sentido griego del término) en el arte sino que lo que importa ahora es el autor. 

El imperio del "GENIO ARTISTICO" ha intentado, y de manera bastante exitosa, suprimir el sentido entitativo del arte tradicional que es, ESENCIALMENTE, la manifestación de lo divino por medio de la implantación de la sensualidad, de lo decorativo y de las llamadas "autoridades plásticas", que nosotros llamamos PINTORES MODERNOS en el sentido mas secular que pueda ser empleado.

Finalizando nuestra caótica exposición que prometemos emprolijar recordando, con Platón que "las producciones de todas las artes son tipos de poesía y sus artesanos son todos poetas". (El banquete, 205C).

Vale,

El Tostador.-

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04/05/2007

Mucho mas que dos

En esta oportunidad en "la Tostadora Moderna actualizada" presentamos una nueva columnista que ha preferido la nomenclatura de Dido. Curioso por cierto, notandose nuestra marcada romanidad Dido de Cartago suena casi paradógico. Pero ya conocen nuestra tostadora.

Dido, nuestra flamante Dido, desde un comentario a nuestro ya conocido amigo Demodoco crea un nuevo sistema en la Tostadora. Enhorabuena. Valete. Además, incluye una nueva "gama" de autores que, más allá de no negar su valía, nunca hubieran sido citados por quien estas lineas escribe.

Esperando sus respuestas y comentando nuestra alegría por el esperando (por nos) artículo "cartágines".

Vale,

El Tostador

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Pan y Vino - A proposito de un poeta feacio

 

Justo homenaje ha recibido Holdërlin con este artículo, no sólo por su contenido, sino también por las poesías que lo enmarcan, tanto la del poeta nicaragüense que la precede como la del aedo feacio que la remata. Precisamente  Holdërlin, quien entendía a los poetas como vasos sagrados donde se conservaba el vino de la vida y el espíritu de los héroes, se refería a la poesía como forma vital de expresión. Después de haber padecido el rigor luterano de las universidades de Jena y de Tubinga -donde estudió a Fichte y conoció a Hegel- buscó otra forma de aprehender al ser que no fuera el dogmatismo de la teología ni la aridez de la filosofía de Fichte. Y encontró la poesía.  

Siempre me he preguntado si el verso de Rubén Darío que recuerda Demódoco -"pero tu carne es pan, tu sangre vino"- no remitiría conscientemente a la poesía Pan y vino del poeta germano. Nueve -como los coros angélicos, como los días que Odín permaneció aferrado al árbol de la creación para escuchar los misterios y transmitirlos a los hombres- son las estrofas de esta elegía. Su extensión impide transcribirla, pero dejaré unas breves palabras, exiguas para el comentario que el poema amerita, pero suficientes para despertar interés en su lectura.

La elegía comienza con una descripción del crepúsculo y de sus actividades características: las antorchas de las calles comienzan a encenderse, la gente regresa a sus hogares y las faenas humanas se adormecen. Pero inmediatamente el poeta nos introduce en el verdadero sentido de la noche, que adopta, de este modo, una connotación distinta: ya no es el final del día, sino el reino del poeta; la noche es "brillante y misteriosa, forastera en medio de los hombres" que no la comprenden, que prefieren la luz del día, lo racional y comprensible a la noche y al misterio. Esta perspectiva se opone a la tradición occidental, en la cual toda referencia a la vida, a lo que es y a la verdad alude a la semántica de la luz: Hesíodo, todavía en los umbrales del mito, había hecho surgir del Caos a Geo, Eros, Tártaro, Erebo y a la Negra Noche. A partir de ésta, a sus contrarios; el divino Éter y la Claridad del día; en el Evangelio de san Juan, Cristo es la luz del mundo, y el mismo lenguaje da cuenta de esta realidad: decimos "sacar a la luz" cuando queremos expresar que algo ha sido develado.  Hacia la misma época en la que se escribió este poema, Friedrich Schlegel fundó, junto con su hermano Augusto, la revista Athenaum, órgano de difusión del movimiento romántico, donde Novalis publicó la primera versión en prosa -la segunda sería en versos libres no rimados- de sus Himnos a la noche. También arremete contra los diurnos, aquellos condenados a disfrutar lo efímero de lo temporal, mientras los nocturnos pueden penetrar en el misterio infinito. Los diurnos, para ambos poetas, son aquellos que carecen de interioridad, de aquella parte del alma que se conmueve cuando nos sentimos sobrecogidos por experiencias como el amor, la piedad, la emoción artística, la contemplación o el asombro. El concepto antitético es el de "diversión", que etimológicamente significa "verterse hacia fuera". En este sentido advertía san Agustín: "Nollis foras ille" (no vayas afuera).

Otro aspecto recurrente es la referencia a Grecia. De hecho, la poesía está dedicada a Heinze, un amigo que había escrito una composición titulada Conversaciones sobre los griegos, y se encuentra transida de toponímicos que remiten constantemente a la Hélade. Grecia es el paraíso perdido, la tierra sagrada contrapuesta al mundo sin dioses de Holdërlin. "Pero ¿dónde están los tronos? ¿Dónde los templos y las copas llenas de néctar? ¿Y los himnos compuestos para agradar a los dioses? ¿Dónde brillan los oráculos de lejanos efectos? ¿Dónde resuena la gran voz del destino?" Estas preguntas, que recuerdan al  ubi sunt medieval, denuncian la secularización del mundo contemporáneo al poeta y la pérdida del sentido religioso de la existencia. Con esto no me refiero a la  evidente indiferencia y apostasía de la fe cristiana, sino a algo más elemental: la disminución del valor religioso inmediato de la existencia. El mundo, convertido en una entidad calculable, pierde su acento metafísico y su misterio. El misterio revelado, cuya intrínseca evidencia escapa por naturaleza a la comprensión humana, es descartado como algo imposible.

En este contexto, se produce el olvido de la integridad del hombre, mezcla de lo humano y lo divino, como lo concebía Holdërlin; por el contrario, sólo se tiene en cuenta su dimensión perceptivo-empírica y se olvida la trascendente o espiritual que lo confiere dignidad. A este "hombre no humano", al decir de Romano Guardini, le corresponde una cosmovisión del mundo que lo rodea: la naturaleza, que para el hombre pre-moderno poseía una significación que sobrepasaba la mera experiencia, ya sea porque estaba llena de poderes divinos,   -en el caso del hombre primitivo- ya sea porque era una teofanía, la manifestación de Dios -para el hombre medieval- es vista como un dato empírico que puede ser captado objetiva y racionalmente.

"¿Para qué poetas en tiempos indigentes?", se pregunta Holdërlin. "Llegamos demasiado tarde", se lamenta al contemplar ese mundo sin misterios ni arcanos. "¡Salgamos a lo abierto!", suplica a sus contemporáneos, a buscar ese  Paraíso perdido, esa totalidad que es el hombre. Holdërlin concibe al poeta como un sacerdote, porque su misión es precisamente acercar al hombre a lo sagrado, ayudar a los diurnos a aprehender lo divino y volver a la totalidad. Independientemente de los temas que aborde, su función será siempre religiosa: religar al hombre con el misterio, dar respuesta a esa nostalgia sin nombre que se agita y se revuelve en el alma de los hombres de todos los tiempos. "Sin duda los dioses aún viven, pero encima de nuestras cabezas, en otro mundo". Los dioses no han muerto, sólo se ha adormecido nuestra capacidad de adorarlos. Alguien ha dicho alguna vez -y aunque Ausente, no lo hemos olvidado- que sólo los poetas mueven a los pueblos. Desde su misma Patria, otro poeta también nos recuerda:

 

"No desdeñéis la palabra,

el mundo es ruidoso y mudo;

poetas, sólo Dios habla".

 

Dido, desde Cartago

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MIENTRAS TENÉIS, OH, NEGROS CORAZONES... RUBEN DARIO

Mientras tenéis, oh, negros corazones,

Conciliábulos de odio y de miseria,

El órgano de Amor riega sus sones.

Cantan: oíd: "La Vida es dulce y seria."

Para ti, pensador meditabundo,

Pálido de sentirte tan divino,

Es más hostil la parte agria del mundo.

Pero tu carne es pan, tu sangre vino.

Dejad pasar la noche de la cena,

-oh, Shakespeare, pobre, y oh, Cervantes, manco-

y la pasión del vulgo que condena.

Un gran Apocalipsis horas futuras llena,

¡ya surgirá vuestro Pegaso Blanco!

 

 

De la cercana y remota tierra nicaragüense, avanzada de la conquista y evangelización, nos llega un canto: "La Vida es dulce y seria" (dulce porque existe el Amor, y seria porque es el camino hacia Dios, que es la Vida con mayúsculas).

Un canto presupone un cantor, un poeta. Y dichosa la tierra que pueda contar entre sus retoños, uno divino; es decir un elegido delas musas. Un cantor, o como dijo alguna vez el "Pepe" Larralde, un decidor.

Este decidor-poeta, con evocación persa en su nombre e inspiración helénica en sus versos, atrae nuestra atención y nos habla a los que a pesar del bienestar mundano y sus halagos, buscamos la excelencia en aquello despreciado por el vulgo apasionado. Amonesta a los mediocres y resentidos; a los negros corazones, y les presenta combate.

En el lugar del pensador meditabundo, conoce nuestro bardo el desencanto, el olvido y el sin sabor mezquino del hombre. Pero también se sabe vino, inspirado y protegido, luego de beber del cáliz, imposible de rechazar, aguarda la fuerza de la vida original, sempieterna, a la cual se llega montado en un Pegaso Blanco.

Poeta y profirente, Federico Hölderlin desgarró las entrañas de su patria, helenizando la existencia misma de aquellas tierras, ya hastiadas de la vida falsificada del protestantismo, y del cristianismo edulcorado. Con el Poeta Germano entronca la línea numinosa-profirente de la hélade, aquélla que diera vida y razón al occidente, desde el Mhytos-Logos homérico (aún sin disyunción en su obra), y con Píndaro como punto fijo de rememoración de la antigüedad sacra. Adviene, en Inspiración luminosa, nuestro poeta, a cantar a la Naturaleza como manifestación gloriosa de la existencia, y al Hombre, al Hombre capaz de Dios, para que en arrobamiento, como manifestación del alma ociosa, se conozca a sí mismo.

            Doliente, Hölderlin supo extraerse del mundo circundante, con sus deberes y trabajos, con sus afanes vanos y divergentes, para convivir, como otrora los helenos, con los dioses y su manifestaciones, "He crecido en brazo de los dioses...". Fue un no resignado, a vivir una existencia indistinta, sin colmo, vulgar y anodina; en fin, conformista, característica de los débiles.

 

"¡No, no me resignaré!, Avanzar siempre

como un niño, como un prisionero,

a pequeños pasos, medidos por anticipado,

día tras día. ¡No, nunca me resignaré!"

 

Así comienza "El laurel". Y en ello sentimos, junto con Federico Gorbea, que no está declamando una modesta fórmula que le prestara el mero deseo de impugnar al mundo (o mas bien a su entorno inmediato) al confundirlo con sus propias torpezas. Lo que si hace, sigue el comentarista, en cambio, es oponer el inconsciente poético o universo de constelaciones (diríamos nosotros, inspiración teándrica) a la alternativa de una humanidad que se niega la expresión.

 

            Y así, vale más una vida corta y gloriosa, que aspire al laurel. Como él lo hizo.

 

 

¡Cantad, oh, Poeta!

Cantos de antaño,

No mires con desdén

a tus costados.

 

Ignora el vulgar,

Aullido mundano, y canta

A la naturaleza,

A tus hermanos.

 

A la fuerza del sol,

A la pureza del aire,

A la inmensidad de los mares,

Y la profundidad de los cielos y sus guardianes;

 

A la frescura del valle,

Y a la espesura de la selva;

A las alturas de las montañas,

Y la firmeza de las piedras.

 

¡Cantad, oh, Poeta!

A la prístina luz de las estrellas,

A la noche sin negrura,

Y a la mágica locura.-

 

¡Que la Lira despierte,

el sentir del derrotado

y el son de los amores, embriague

al peregrino, al perseguido, al olvidado!

 

Y juntos, entonando perdidas canciones,

De amor y de guerra, ¡marchemos!

Al encuentro de los nuestros,

Lumen buscamos.

 

¡Cantad, oh, Poeta!

Que somos muchos los necesitados,

Que no es de ellos la Hora,

Sino nuestra.

 

                                                                                  Demódoco, en el ostracismo.-

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